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sábado, 23 de julio de 2011

de Juan

Querido Adri: Se lo dije a Leonora y te lo digo a vos: que yo haya cumplido sesenta vaya y pase. Pero que los cumplas vos es algo que me cuesta reconocer. Es más, pienso que debe haber algún error, de cálculo o de edición. Recuerdo que nos hicimos amigos quizás por el 67, con los campamentos del colegio y luego con los incontables viajes de a dos o varios, a dedo (a lo sumo un colectivo hasta la Panamericana para arrancar). Los viajes son una manera muy intensa para conocer a las personas. Lo agradable, lo molesto, lo insoportable del otro, lo noble o lo villano. Aprovecho para pedirte disculpas por haberme pasado con la leche en la preparación de un puré "Chef". Estaba aguado, asqueroso. Si tengo que rescatar un valor que me gustaba de vos y que me hacía sentir bien ese valor es la paciencia, amiga de la serenidad y la capacidad de reflexión honesta y desinteresada. Sé de dónde venía este temperamento porque haberlo conocido a tu viejo fue algo muy lindo. Después de todo en esa etapa del cole no hacíamos otra cosa que una especie de "intercambio estudiantil", de cabotaje, entre todos los amigos. Algo así como una pasantía en otra familia, lo que nos permitía comparar, contrastar para desear estar o huir de otras casas. O nos encontrábamos con otros valores, buenos, expresados tal vez de otra manera, desde otra cultura. Y hablo de todo. Ejemplo: Javio me recuerda un guiso de trigo, riquísimo según él, que alguna vez comió en mi casa y que mi vieja hacía según le había enseñado mi abuelo Manuel, nacido en Alepo y venido aquí a los dieciseis años. Yo recuerdo la mesa siempre dispuesta para quien llegara en tu casa, el clima de diálogo, una mamá profesional, seguramente muy ocupada pero que a la noche, cuando me quedaba a dormir en tu casa, pasaba para darte el saludo y con dos preguntas y mínimos gestos completaba la cercanía de cuidado y afecto que un hijo necesita. A papá Faigón lo recuerdo con una carga notable de entusiasmo y optimismo defendiendo puntos de vista abarcadores, humanistas y con una capacidad de diálogo impresionante, de sana tolerancia. Tu hermana mayor, con su novio hedonista que quería tocar el cello y moría por las peículas del sábado a la tarde por la tele. Tu hermana menor que era un encanto de persona, con una sensibilidad notable, a flor de piel. Tu hermano niño, que me dedicó una foto carnet que aún conservo con la dedicatoria "para mi amigo Juan". En fin ... ese era el clima en tu casa. Y me hacía bien. También estaban la música, la guitarra, la política, el gordo que nos enseñaba marxismo haciendo siempre un dibujito redondo en el pizarrón (que nunca entendí muy bien qué representaba). La distancia, cuando te fuiste. El reencuentro. El aquí estamos. El hasta aquí llegamos. Seguramente para seguir, esta vez con la mochila más cargada, bien cargada. El viaje continúa. Mi amistad con vos es un hermoso tesoro. Hay que cuidarlo. Feliz cumple !!!! Adri querido. Un fuerte abrazo de tu amigo Juan.

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